Acostumbrarse a vivir en una montaña rusa y que tu zona de confort sea eso, duele. Primero lloras, luego te lamentas, lo intentas aceptar pero sigue doliendo. Caes al vacío y vuelves a subir. Ves las estrellas, el firmamento,te agarras a eso. Pero eso no vale. Vuelves a caer. Vuelves a subir. Miras hacia otro lado por si acaso puedes distraerte del circo interno de tus emociones. Pero no. Eso no vale. Porque te pierdes y al final y al principio solamente quedas tu. Y tu. Y tu mismo otra vez. Y vuelta a subir y a bajar. Dependiendo de si alguien llega o se va.
Al final lo único que me salva es aceptarlo. Me gusta sufrir, por alguna extraña razón que desconozco, me van lo de las idas y venidas. No soporto mi vacío interno, lo cual me hace provocar desastres y desvarajustes a mi alrededor. Cual tornado que pasa y arrasa y arrastra con todo lo que va delante y detrás.
Y duele creerse sin control sobre uno mismo, creeme que duele mucho. Y duele no estar conforme nunca con nada. Pero lo que más duele, con diferencia, es sentirse solo en compañia de uno mismo. Y darte cuenta de estas cosas siempre demasiado tarde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario